Factores que condicionan el desarrollo del canino en el jabalí: interesante artículo

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Factores que condicionan el desarrollo del canino en el jabalí: interesante artículo

Mensaje  Admin el Mar Abr 13, 2010 6:51 am

E l jabalí, como especie, es un elemento básico del panorama cinegético español. Su ampliaárea de distribución y la elevada densidad que puede llegar a alcanzar han ayudado a que su popularidad haya crecido en las últimas décadas. Así, las monterías en el sur, cacerías en el norte, batidas o ganchos, aguardos, etc., se han convertido en el verdadero centro de la actividad cinegética de muchas zonas y han motivado también que el valor económico de la especie esté alcanzando unos valores difícilmente imaginables hace poco tiempo. No cabe duda de que hoy, y cada vez en mayor medida, gran parte de la cinegética española se asienta sobre esta especie. Pero sería erróneo que pensásemos que este interés es sólo fruto del incremento de sus efectivos. Hay otros elementos que hacen del jabalí un animal atractivo, diferente. En un mundo que cada es más predecible, en esta especie todavía sobreviven muchos de los elementos que hacen de la caza una actividad emocionante, incierta y para aquellos que opten por mantener un contacto más físico con el animal, incluso no exenta de riesgo. Posiblemente, mucho de esto sea debido a que el manejo al que se le somete es mínimo. Y esto sucede no porque tenga una bula especial, sino porque para muchos gestores o propietarios puede
llegar a ser desconcertante, y por lo tanto demasiado arriesgado. Apostar una cantidad económica significativa en su manejo sin asegurar mínimamente unos resultados es, para muchos, difícil
de afrontar. En mi opinión, la caza del jabalí, y su gestión, es en parte una incógnita por el simple hecho de que biológicamente sigue representando un tremendo desafío para la comunidad científica, y por lo tanto, la base técnica en la que debe asentarse la gestión tiene todavía importantes deficiencias. Como muchos habrán podido comprobar, para el jabalí no son válidas las recetas que se aplican en otros lugares, los manuales editados por reconocidos investigadores extranjeros. La aplicación de esos conocimientos como base de gestión para nuestras poblaciones es, muchas veces, sinónimo de fracaso. Pese a que pueda parecer lo contrario, esta falta de conocimientos es tan llamativa que por ejemplo, actualmente se sabe muy poco de aspectos tan básicos como los hábitos de desplazamiento en los diferentes tipos de bosques peninsulares, de cómo afecta la caza a estos movimientos o a la transmisión de enfermedades. Estas lagunas de información llegan incluso hasta el canino, y en concreto a la determinación de aspectos tan importantes como son los factores que condicionan el desarrollo del canino. No cabe duda de que este último hecho es más llamativo aún debido a que se trata del trofeo, del único elemento que se utiliza de una forma reglada para medir la calidad del jabalí y de la base que muchos gestores y cazadores utilizan para valorar la calidad del resultado de la cacería. Por ello, en este artículo me centraré en describir qué se sabe en la actualidad del canino, fundamentalmente de su desarrollo y también de las líneas de investigación que hay abiertas en estos días y que lo tienen como motivo central de estudio.

CANINO Y DESARROLLO

Como todo el mundo conoce, el canino es una pieza dentaria que se encuentra presente tanto en los machos como en las hembras de jabalí, si bien, en los primeros, alcanza un mayor desarrollo. Diversos estudios han analizado el momento en el cual el canino de los machos comienza a manifestar este mayor tamaño y lo han situado a partir del año y medio de edad, justo cuando la testosterona, la hormona sexual masculina producida en los testículos, comienza a modelar la anatomía del jabalí y a cambiar su comportamiento. Estos trabajos han demostrado
que no es que el canino del macho aumente su ritmo de crecimiento, sino que lo que ocurre es que en las hembras se produce una disminución del aumento del tamaño. Es decir, el canino del macho sigue creciendo de una forma constante y con los años, lógicamente va aumentado su longitud y grosor, mientras que en las hembras se mantiene el tamaño. Y es en este punto donde surgen dos importantes cuestiones. ¿Hasta cuándo crece? ¿Aumenta por igual en todos los machos?
Las respuestas, para ser sinceros, están en plena fase de estudio. Si revisamos la bibliografía científica de hace unos años, veremos que hay ciertas referencias a un crecimiento general del canino hasta los 6-7 años de edad. Un crecimiento que se inicia en el mismo momento en el que alcanza la dentición definitiva y que crece a un ritmo aproximado de 0,5 cm. por año. Un crecimiento que ha dado lugar, incluso, al desarrollo de métodos de datación de edad basado en el análisis del grosor del canino en diferentes puntos. Pero también es cierto
que es un crecimiento que no se produce por igual en todos los jabalíes, sobre todo a partir de los 2,5-3 años de vida, y que no sabemos a ciencia cierta cómo se comporta en los animales de
más edad. Un incremento del grosor del canino que se explica en un 80% únicamente por la variable edad, pero que deja un 20% en manos de otros elementos, siendo éste el motivo de una nueva línea de investigación.

CANINOS Y AMBIENTE
Por eso, la segunda pregunta que planteaba, la variación en el crecimiento entre machos, ha abierto unos interrogantes científicos muy importantes, y seguramente deseados para gestores y cazadores. ¿Qué hace que individuos de la misma edad difieran en 3-4 mm. en el grosor del canino? O lo que es lo mismo, ¿qué hace que un jabalí de 5 años tenga un grosor del canino en la base de la encía de poco más 2 cm. y por el contrario, otro jabalí, con el mismo peso y longitud, se acerque a los 3 cm., alcanzado la valoración de medalla de oro? La respuesta, en la actualidad, ahora mismo, es un enigma, si bien ya tenemos nuevos datos que están comenzando a aportar luz a la cuestión. Para comenzar con la explicación, quizás sea bueno que recordemos que tradicionalmente se ha asumido que hay zonas que dan más trofeos de jabalí que otras. Por ejemplo, en Extremadura, en la Sierra de San Pedro, lugar donde se cazó el todavía hoy record nacional, y pese a que en la actualidad presenta un crisis de efectivos, se siguen consiguiendo más jabalíes con grandes caninos, en relación a la edad, que en otros lugares de esta misma región que gozan de igual tradición, como sucede en Monfragüe. Igualmente, fuera de estas zonas se constatan casos similares, y entre los cazadores se reconocen lugares como “madres de trofeos” frente a otras que tienen, por llamarlo de alguna forma, un tope de desarrollo mucho menor. La explicación científica a por qué sucede este hecho empieza a orientarse por dar un gran valor a los llamados ritmos de crecimiento. Sabido es que en todas las especies los incrementos del tamaño no son constantes, sino que manifiestan ciclos. Estos ritmos pueden estar motivados por el ambiente o por las necesidades vitales de cada momento. Por ejemplo, en los bosques caducifolios es evidente que hay una época de un crecimiento explosivo y otra en la que la mejor opción es pararse, no forzar. Estos acelerones y frenazos se pueden comprobar en algunas estructuras orgánicas, y una de ellas son los dientes y sus capas de cemento. En general, el conteo estas capas de cemento en los incisivos es considerado como uno de los mejores métodos de datación de edad en mamíferos, y se asume que cada capa equivale a un año, o lo que es lo mismo, a una época de carencia, que bien podría ser un invierno en un ambiente frío. Volviendo al jabalí, los estudios actuales empiezan a plantear la posibilidad de que los ritmos de crecimiento de los caninos de todas las zonas no sean iguales. Así, puede haber lugares en donde la cantidad y calidad del alimento no sean constantes, producto de los ciclos propios del ecosistema, y la consecuencia sea un canino con crisis de crecimiento, y por tanto, con un menor grosor. Frente a estos, pueden existir otros sitios en donde los alimentos sean más constantes y no existan dichas paradas, lo que se traduciría en un mayor diámetro del canino. Es decir, estaríamos hablando de una relación directa entre el grosor del colmillo y calidad del ecosistema. No cabe duda de que de ser esto completamente cierto, el siguiente paso sería asociar este crecimiento a una abundancia
permanente, y para aquellos que optaran por un manejo intensivo de los jabalíes que gestionan, la tentación de una suplementación constante de comida sería difícil de contener. Pero aquí sí podemos ser contundentes a la hora de combatir esa idea, ya que lo poco que vamos sabiendo nos permite desmentir con rotundidad que la relación sea tan simple. En realidad, todos los indicios que tenemos van en la dirección de asociar este crecimiento constante a una mayor abundancia de ciertos elementos que se encuentran en el ambiente, y quiero poner un especial énfasis en la palabra ciertos, no todos. Lo que es seguro es que estos elementos no tienen por qué ser los que tradicionalmente se asocian al engorde. Por lo tanto, no estamos hablando de grasas, de hidratos de carbono, posiblemente tampoco de proteínas. Hace ya tiempo que se demostró que no existía una relación entre el peso y el tamaño del canino, y lo mismo se manifestó entre el canino y la condición física, es decir, entre la relación entre la longitud corporal y el peso. La clave, seguramente, está en elementos más sutiles, menos abundantes y que son los que marcarán la diferencia. Posiblemente no será cuestión de cantidad sino de calidad. Quizás la solución a esta pregunta nos la estén dando los propios jabalíes,
pero para lograrla debemos prestar atención a sus hábitos, su comportamiento, analizar por qué varían su dieta a lo largo del año y cómo consiguen lograr el equilibrio entre los principios inmediatos y los oligoelementos que ingieren en cualquier ecosistema que explotan. Debemos prestar atención a sus desplazamientos, las querencias que manifiestan por bañarse en determinados barros, en comer plantas concretas, en hozar en lugares precisos. Para llegar al canino habrá que investigar al propio jabalí en su conjunto. Pero no sólo bastará eso, sobre todo
tendremos que analizar el ambiente. No podremos contemplar al jabalí como un elemento aislado del lugar donde habita. Habrá que valorar el tipo de bosque, y ser conscientes del máximo que cada lugar puede ofrecer. Habrá que ser realistas. Y sobre todo no deberemos caer en la tentación de traslocar jabalíes de unos sitios a otros creyendo que las generaciones futuras mantendrían las características que nos deslumbraron. No olvidemos que, además de caninos, estas aventuras lograrían traer individuos no adaptados a un nuevo hábitat, cargados de parásitos y microorganismos dispuestos a colonizar nuevos mundos y desajustar el equilibrio que tanto tiempo se tardó en establecer.

AUTOR: Pedro Fernández-Llario
Dr. en CC. Biológicas
Departamento de Biología y
Geología
Instituto de Enseñanza
Secundaria “Santa Lucía del
Trampal”
Alcuéscar (Cáceres)
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