PROBLEMAS CON EL LOBO

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PROBLEMAS CON EL LOBO

Mensaje  TEORICO el Dom Jul 24, 2011 4:58 pm

EN ASTURIAS

ELCOMERCIO.es

Los ganaderos temen por sus rebaños. En 2010 los lobos acabaron con 3.625 reses y causaron un agujero económico de un millón de euros
El Principado pretende eliminar este año 47 ejemplares y cuatro camadas para paliar los daños a la cabaña ganadera de la región
Que Asturias es tierra de lobos nadie lo duda. El problema es concitar los intereses ganaderos, con los de la Administración regional y los de los grupos conservacionistas. A todo ello se une la intención del nuevo presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, de incorporar al lobo al catálogo de especies cinegéticas, con lo que después de muchos años se podrá volver a cazar legalmente en los montes asturianos, cambiando así la tendencia de los últimos años del Ejecutivo regional, que abogaba por una política de control de la población de lobos, mediante la caza selectiva o la retirada de camadas.
Se considera que la población de estos cánidos en la región está estabilizada, calculándose su número total entre los 250 y los 300 ejemplares. Es difícil de conocer su número exacto, pero lo que sí fue constatado por los científicos es que en los últimos años aumentó el número de grupos. Se sabe que hay 32 grupos seguros, 27 de ellos reproductores, pero hay un margen de error que podría suponer que los grupos de lobos lleguen a los 34, siendo reproductores 31. Son los números más altos registrados en las tablas estadísticas incluidas en 'Programa anual de control de la población de lobo en Asturias 2011', elaborado por la Administración regional saliente.
¿Cuál es el problema que se plantea ante esta situación? Hay varios factores. Uno de ellos es que la caza de lobos sólo se puede realizar de forma controlada bajo los auspicios del Plan del Lobo, que pretende mantener una población de cánidos que se considere asumible por el mundo rural asturiano. Por otro lado, está el que los ganaderos prácticamente eliminaron las barreras defensivas contra esta especie de que disponían antaño. Ello fue debido a la drástica reducción de esta especie en la mitad del siglo pasado, por lo que los ganaderos decidieron prescindir de la estabulación de la cabaña durante las noches o de disponer de perros pastores. También hay que tener en cuenta que un lobo necesita de un kilo de carne diario para sobrevivir y le dificulta mucho su alimentación el hecho de que las políticas de la Unión Europea prohíban que se dejen los animales muertos en la montaña, con lo que ya prácticamente no existe la carroña en nuestros montes. Finalmente, está el hecho de que Asturias es un terreno muy propicio para el lobo, no en vano el 71% de la región supone un hábitat favorable para esta especie.
Ataques en agosto
Los daños a la cabaña ganadera asturiana por los ataques del lobo también van en aumento. En 2008 se habían contabilizado 2.905, mientras que en 2009 llegaron a 3.596 y el año pasado se dispararon hasta los 3.625. Al tratarse de una especie protegida, los daños causados han de ser compensados a los ganaderos por la Administración regional, que ya en 2009 tuvo que desembolsar 945.499,47 euros y el pasado ejercicio llegó a 1.002.318,18 euros en indemnizaciones. Los precios que se pagan a los ganaderos por las pérdidas sufridas no son constantes y esas indemnizaciones oscilan entre los 530,5 euros pagados en 2010 por una res bovina y los 91,5, por una caprina.
Este año ya han pasado los meses en los que se registra un mayor número de ataques contra la cabaña ganadera -abril y mayo-, pero estamos a punto de llegar a otro mes en el que tradicionalmente se produce un pico importante en los daños causados, pues en agosto los cánidos atacan con virulencia los rebaños que han sido trasladados a los puertos de alta montaña. Los animales preferidos por los lobos para perpetrar sus ataques durante el verano son los que tienen una menor capacidad de defensa, es decir, tienen mayores dificultades para encaramarse en lugares escarpados y de difícil acceso. Es por ello por lo que durante estos meses el ganado bovino y equino se convierten en sus principales objetivos. Una vez que llegan los meses fríos y estas cabañas son estabuladas, los lobos se centran en el ganado caprino y ovino.
Está claro que atacar animales domésticos es más fácil que hacerlo a los salvajes. Asturias carece de especies de las que el lobo se alimenta en otras regiones españolas, como pueden ser las liebres y los conejos, al tiempo que los jabalíes y los corzos son muy difíciles de cazar, incluso para una familia de lobos. Por eso, los rebaños de alta montaña son mucho más accesibles para estos cánidos.
En un intento de limitar al máximo estos ataques, el Principado ha dispuesto que este año se abatan 47 ejemplares a lo largo de la región y se retiren cuatro camadas. No es una práctica nueva, ya que el año pasado ya se dio muerte a otros 26 lobos. Además, otros cinco ejemplares fallecieron por otras causas, dos de ellos, atropellados. De todas formas, el Plan del Lobo prevé que para el cómputo del número total de ejemplares de lobo a extraer en cada zona se tendrá en cuenta la suma de los debidos a controles legales y las muertes constatadas conocidas como resultado de acciones ilegales y otras causas.
Fraudes y furtivismo
Pero es posible que no se dé caza a los animales que más daño causen a la cabaña ganadera. Los conservacionistas advierten de que los más peligrosos son los llamados lobos errantes. Éstos no matan únicamente para comer, como hacen los grupos familiares que atacan un rebaño para abastecer las necesidades del clan, sino que los errantes realizan matanzas indiscriminadas.
Todas las partes implicadas coinciden en que es necesario concitar los intereses de los ganaderos con los del lobo, es decir, que ambos puedan pervivir con los mínimos daños para las dos partes. Los conservacionistas habían pedido a la Administración regional priorizar los subsidios a los ganaderos que adoptaran buenas prácticas y eliminado el ganado en situación irregular, es decir, aquel ubicado en montes de utilidad pública fuera de las épocas permitidas o ganados sin licencias de pastos. Además, se solicitaba que los animales atacados en esas condiciones no fueran objeto de compensaciones.
El fraude en las solicitudes de daños y los casos de furtivismo son otros de los asuntos en los que inciden los conservacionistas, quienes consideran importante que las medidas de control que se adopten han de estar ligadas a los ejemplares que afecten recurrentemente a los ganaderos y no a la población de cánidos en general. Finalmente, consideran primordial que se hagan públicas todas las estadísticas referidas a la gestión del lobo, tanto en lo relativo a los daños causados a la cabaña ganadera como sobre los casos de mortalidad de lobos, tanto legal como ilegal.
La alarma causada por los ataques de los lobos, su repercusión social y los continuos enfrentamientos entre ganaderos y Administración regional para el pago de las indemnizaciones juegan en contra del propio lobo. La pregunta es ¿cuándo se sabe que se ha llegado al número ideal de lobos en un territorio? La respuesta es compleja, pero se podría resumir en el hecho de que no se note que están, es decir, que se produzcan ataques pero que no tengan una especial repercusión.
A las puertas de Barcelona
En el resto de España, parece que el lobo también goza de buena salud. Algunos ejemplares han traspasado el río Duero, considerado hasta ahora la frontera poblacional. Por eso, al sur del río la especie se encuentra muy protegida, encontrándose poblaciones asentadas en las sierras andaluzas y en los Pirineos. Además, algunos ejemplares han llegado a acercarse a las principales capitales del país, no en vano se han llegado a detectar a 40 kilómetros de Barcelona y a 100 de Madrid. El primero de los casos es llamativo, ya que se trata de lobos procedentes de los Abruzzos italianos, que han atravesado los Alpes y Francia para llegar a Cataluña en un viaje estimado de dos décadas. En cuanto al caso de Madrid, los cánidos llegaron a Somosierra y Guadarrama, aunque se considera que son animales procedentes de sus asentamientos en los montes de Segovia y Ávila.


EN CASTILLA

laopinióndezamora.es » Opinión

La cabaña ganadera no puede pagar la existencia del lobo
Por desesperación, los ganaderos zamoranos están dispuestos a poner puertas al campo.


EDITORIAL Tanto o más quimérico resulta plantear el exterminio de los lobos más allá de la Reserva de la Sierra de la Culebra, pero los daños que sufren las cabañas ganaderas por los continuos ataques de los depredadores justifica su indignación. En lo que va de año, en Zamora se han producido casi un centenar de ataques al Norte y al Sur del Duero. En las comarcas bajas, las 26 internadas de los cánidos han causado la baja de casi 300 cabezas de ganado ovino y bovino. Las pérdidas son más considerables, porque al otro lado del río las explotaciones están más estabuladas y el ganado se encuentra más expuesto. Los ganaderos de la zona se enfrentan, además, a una división en cuanto a la hora de establecer indemnizaciones realizada con parámetros geográficos que los animales se saltan con toda la impunidad que les permite la Naturaleza.


Si en el Norte, donde se han producido cerca de 200 muertes en 67 ataques, el lobo es considerada especie cinegética, en el Sur, los productores tienen como única arma la suscripción de un seguro y la espera de una autorización administrativa para posibles batidas porque en ese lugar el lobo es considerado animal a proteger. Lo cierto es que también en esa franja del Duero es menos abundante la caza que permita al depredador sobrevivir al margen de la cabaña ganadera, un objetivo mucho más fácil que lanzarse a la persecución de otro animal salvaje. El equilibrio ecológico, por tanto, es mucho más precario en este caso.


Las organizaciones agrarias señalan como responsable de las pérdidas a la Junta de Castilla y León cuyo Plan de Conservación y Gestión del Lobo refleja la esencia de una directiva europea, trasladada, a su vez, a otra norma de carácter nacional. Todas ellas se asientan en un contexto histórico que marcó el declive del lobo ibérico hasta rozar casi su extinción en la década de los años 70 del pasado siglo XX. La mayor conciencia social en cuestiones medioambientales y el desarrollo legislativo al que dio lugar permitió al lobo iniciar una lenta pero progresiva expansión. Y con la deseable recuperación de una de las especies autóctonas básicas para mantener la biodiversidad de la península Ibérica resurgió el ancestral conflicto que pone sobre la mesa la peligrosa e incierta premisa de que con lobos, no hay ganado. Los productores han llegado a la conclusión de que el único lobo bueno es el muerto o el encerrado en la Reserva, olvidando el aprovechamiento al que puede dar origen en materia de turismo de Naturaleza o cinegético. Pero puede que los ganaderos hayan aportado en la reciente reunión con el delegado de la Junta, Alberto Castro, parte de una posible solución a un problema de enormes dimensiones en una situación de crisis que ha hecho desaparecer al 40% de las explotaciones agroganaderas zamoranas en los últimos diez años.


Dicha propuesta consiste en que la Administración asuma las primas de los seguros que deben suscribir para compensar pérdidas. En teoría, el gasto puede parecer inasumible para las arcas públicas en momentos tan delicados como atraviesa la economía. Pero, a la larga, tal vez resulte más rentable que las soluciones puestas en marcha hasta ahora.


Parece evidente que Castilla y León nunca podrá llevar a la práctica las políticas de indemnizaciones por animal que se dan en autonomías uniprovinciales como Asturias o Cantabria. Los daños multiplicados por nueve, las nueve provincias castellano-leonesas puesto que en la práctica totalidad de las mismas se dan casos de lobadas, convierten el modelo en insostenible por el enorme coste que originaría. El Plan del Lobo contempla dos tipos de indemnización, de nuevo según el lugar geográfico y la zona asignada. Al Norte del Duero, los pagos se rigen por la Ley de Caza, que contempla como responsabilidad administrativa los daños producidos por lo que en ese territorio se considera como pieza de caza.


Al Sur, la Administración costea la diferencia establecida en la franquicia de los seguros que sufragan los ganaderos para protegerse del lobo como del pedrisco o las enfermedades parasitarias.


Lo cierto es que con la proliferación de ejemplares, tal vez sería hora de que la Administración reconsiderara tal clasificación, pero no es tarea fácil. De hecho, el Senado tiene aprobada por unanimidad una iniciativa en tal sentido pidiendo la modificación de la directiva europea. Pero como los caminos de las instituciones resultan más intrincados cuanto más lejos debe llevarse una petición, algo debería hacerse en el entreacto para evitar que la crispación evidente de los afectados siga creciendo sin remedio. Los productores tropiezan en ocasiones con las reticencias de las aseguradoras cuando los ataques son sucesivos, una dificultad que tal vez fuera menor en caso de que fuera la Junta la intermediaria. Las ayudas podrían tomar forma a través de la PAC o de bonificaciones fiscales. La propuesta es un buen ejemplo de cooperación entre ambas partes y, al menos, su estudio en consideración, sería un excelente gesto de comprensión hacia quienes padecen las consecuencias de una Naturaleza excepcional cuyo mantenimiento no debe suponer un precio tan elevado.


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