porque y cuando debemos cazar corzas (capítuilo II)

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porque y cuando debemos cazar corzas (capítuilo II)

Mensaje  TEORICO el Vie Jul 15, 2011 3:11 pm

Seguimos...

La forma que tenemos de conocer el modo en que una población evolucionará en el tiempo es el estudio de las Tablas de vida. Estas tablas de vida se dan en términos del número de hembras ya que los machos no resultan determinantes. No obstante, dadas las particularidades ecológicas del corzo, veremos más adelante que el tamaño de la subpoblación de machos sí puede tener importancia cuando las diferencias en la distribución de sexos se vean gravemente alteradas.

Una Tabla de vida es un estudio vertical, que mediante la introducción del número de ejemplares de cada clase de edad por el valor de sus probabilidades de supervivencia y por el valor del número de crías que puede tener, nos devuelve un otro, para cada clase de edad y para el conjunto de la población, que nos ofrece la evolución del número total de ejemplares en cada momento.
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Este tipo de cálculos se resuelven mediante una Matriz de Leslie ,de donde N es la edad, S la tasa de suprevivencia y F la fertilidad para cada edad.

En realidad, al menos en la mayoría de los casos, no es posible hacer estudios verticales ya que se suceden fenómenos de emigración e inmigración o es necesario esperar muchos años. No obstante podemos considerar la población cerrada al menos para calibrar nuestra hipótesis de trabajo.

Como vemos en este tipo de modelos vamos a necesitar saber varias cosas:

- Estructura de edades: dado que en la fauna silvestre no hay posibilidad de conocer con precisión la edad de los animales presentes en el coto no hay otra forma mejor que reconstruirla mediante la recopilación de la información de la edad de las capturas. Por eso es conveniente coleccionar la mayor cantidad posible de mandíbulas del territorio a estudiar y estimar la edad de las mismas. El sistema que tiene el mejor compromiso entre eficacia y coste es la datación por desgaste dentario, que puede consultarse en la ficha técnica que hay en la Biblioteca.
- Tasa de supervivencia: la tasa de supervivencia se puede calcular una vez estimada la edad de las mandíbulas. No obstante es importante saber que esta tasa es baja en la especie y que los porcentajes de mortalidad son asombrosamente altos en la mayoría de los territorios hasta ahora estudiados.

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La tasa de supervivencia puede variar de acuerdo con los siguientes modelos

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Las especies de caza mayor suelen ajustarse al Tipo 1, de modo que la mortalidad es moderada en primera edad, baja en la edad juvenil y adulta y no aumenta de forma significativa hasta la senescencia. El corzo sin embargo se ajusta al Tipo 3, como hemos visto en el gráfico previo sobre mortalidad de corzos en Kaalo (Dinamarca) en el estudio clásico de Andersen.

En definitiva ello se debe a que el riesgo de mortalidad se distribuye de acuerdo a las siguientes curvas.

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- Fertilidad: dado que el crecimiento dependerá del número de crías que puede llegar a tener una hembra hay que saber con precisión cuantas son. No me refiero a cuántas sobreviven, ya que eso lo puedo calcular después, sino cuántas son las que realmente tiene cada corza y a qué edad. Por ello es necesario que las capturas de corzas se realicen en el momento en el que nos den información relevante. De otra manera, en junio una corza es un cadáver sin más, en tanto que en febrero es un cadáver con datos valiosos.


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La fertilidad, lejos de ser constante, varía con la edad y con las condiciones ambientales, de forma que para hacer las cosas bien hay que estimarla en cada población. En mi experiencia, en lo que conozco de España, resulta algo menor que los valores que se leen en la bibliografía europea.

Por lo tanto ya vamos viendo algunas cosas si queremos gestionar:

- Debemos saber cuantas hembras hay en la población.
- Debemos saber cómo se distribuyen por edades
- Debemos saber cuál es la tasa de supervivencia para cada edad
- Debemos saber qué tasa de fertilidad tienen a cada edad

Para todo ello no hay otra forma que cazar un número suficiente de hembras durante un tiempo razonablemente largo.

¿Qué número puede considerarse suficiente? En estadística hay una especie de regla áurea que indica que para que estudiar una población de tamaño desconocido al menos deberían tenerse 15 individuos, así que al menos deberíamos tener para cada territorio 15 corzas por año. Claro está que en un coto de 500 hectáreas 15 corzas puede ser un número inabordable con lo que habrá que unir la información de varios para poder trabajar.

¿Durante cuantos años debo muestrear? En realidad deberíamos hacerlo de una forma constante o al menos periódica. Se sabe que es difícil detectar tendencias poblacionales en periodos inferiores a 10 años. Por otra parte sabemos que la esperanza de vida media del corzo es baja y que inmensa mayoría de los ejemplares desaparecen de la población antes de los 5 años, luego con el fin de no infravalorar a alguna cohorte los muestreos no deberían ser superiores a intervalos de 5 años.

¿Cuándo deben cazarse las corzas? Sin entrar a valorar las cuestiones de bienestar animal y si queremos contar con información valiosa para el manejo de la población, la mayor parte de las mismas deben ser cazadas cuando realmente aporten información suficiente. Esto sucede una vez que se reanuda el crecimiento embrionario. Antes es posible reconocer el número de cuerpos lúteos. Cada cuerpo lúteo indica un folículo que ha producido un óvulo, pero no todos son necesariamente viables, ni todas las corzas quedan preñadas, de ahí que el dato a recolectar sea el número de fetos reconocibles, y eso sólo es posible entre enero y mayo.

¿Qué corzas son las que deben cazarse? Todo depende de cuál sea el objetivo de la gestión. Si buscamos una forma rápida de reducir la abundancia, y tomando en cuenta la Matriz de Leslie más arriba indicada, debemos actuar sobre las corzas más jóvenes, teniendo presente que con ello reduciremos tanto el número de macho como de hembras. En este objetivo tiene poca importancia la época de caza. Si por el contrario nuestro objetivo es ajustar la estructura de sexos, y considerando que la tasa de supervivencia de los machos es menor que la de las hembras, deberemos proteger a las hembras jóvenes y actuar sobre aquellas de más edad, pero sin afectar a la supervivencia de las crías ya que suponemos que la razón natural en los nacimientos tiende al equilibrio. En este caso es totalmente desaconsejable cazarlas en primavera, verano o incluso principio del otoño.

Mañana seguiremos hablando de aspectos de la ecología del corzo ya que pudiera pensarse que el número de machos no importa y está lejos de ser así.

Saludos

Gerardo Pajares
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