JABALI, 29 NOVIEMBRE 2009

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JABALI, 29 NOVIEMBRE 2009

Mensaje  Admin el Jue Abr 01, 2010 9:56 pm

JABALI DE ACEVEDO, OS COUSOS, 29 NOVIEMBRE 2009.

Había llovido a calderos durante toda la noche. Los grises y amenazantes nubarrones y las fuertes ventiscas que azotaban a todo el coto hacían presagiar una nueva jornada muy deslucida.

Cuando observaba la lánguida y melancólica expresión de mis sabuesos en el remolque ante la que caía por momentos, vacilaba cuestionándome cuál sería el desarrollo de un día de caza que, meteorológicamente se presentaba bastante adverso y poco propicio para poder disfrutar con plenitud y con los cinco sentidos puestos en la nueva jornada venatoria.

A eso de las diez de la mañana, el temporal de agua nos dió un pequeño respiro. El vendaval seguía golpeando con fuerza las robustas ramas de robles y castaños que crujían por momentos. En ese instante, Jabatillo28 me comentó que había observado –milagrosamente- el rastro fresco de las huellas de un buen macho y un escudero que subían por un pequeño cortafuegos. Fue en ese momento cuando empecé a albergar esperanzas de que los jabalíes serían, sin ningún género de dudas, levantados de su encame. Si con la que había caído durante toda la noche y gran parte de la mañana hasta las diez, alguien es capaz de encontrar “huellas”, el encame de los suidos no ha de estar a más de 500 metros de ese punto. El diluvio caído fue de consideración así que, aprovechando la pequeña tregua que el temporal nos cedió a esa hora, aprovechamos para cerrar la mancha un poco “en largo” por motivos de seguridad, debido a que pasábamos de los 20 en la lista. Divisando el monte desde lejos no era muy difícil saber que la dirección de recientísimo rastro, se dirigía hacia un pequeño pero compacto y abrigoso brezal (uzal): ese podría ser el definitivo sitio de encame.

Antes de soltar los perros y mientras los puestos se iban colocando, aproveché para examinar de cerca las huellas. Con la que había caído, las huellas estaban casi intactas, no podían estar muy lejos: se trataba de escudero y un macho que prometía por lo romo de la parte superior de las huellas pertenecientes a sus aplomos delanteros y, desde luego, y como os voy a relatar a continuación: prometió, vaya si prometió!!… Los dos jabalíes habían subido un pequeño cortafuegos de una línea de media durante unos 300 metros y, justo donde hacía una curva a la derecha en ángulo recto, se habían introducido en la maleza. No había ninguna duda. O estaban dentro o había quizás corrido el riesgo de que me hubiesen ventado y hubiesen salido de la maleza, por lo que no me pareció prudente permanecer allí por más tiempo, y decidí salir rápido del lugar, ya que cargaba aire hacia el hipotético lugar de encame.

Toño Pacios, Elio Pacios y el que escribe decidieron que, como tan sólo había un rastro –y gracias- soltaríamos todos los perros sobre el mismo. Y siempre hacemos igual, intentar cazar de otro modo resulta generalmente desastroso, ya que los perros se lían con los corzos y los suelen meter de narices a los otros canes impidiendo, en la mayor parte de los casos, poder desencamar a los “xabalines”. Y llegado a este punto, creo conveniente decir que así es como se debe de cazar siempre, salvo en manchas de mucha entidad y existencia de más rastros.

Son las 10:30 y el responsable ordena la suelta. La marabunta de canes se desperdigan por la pista forestal en la que entronca el cortafuegos y rapidamente les animo para darle rastro, aunque enseguida me doy cuenta que Best, Ray, café y Hasan están marcando ya a parado a unos 400 metros de mi posición, justo en la zona más tupida de maleza. A la ladra se suman paulatinamente más y más perros. Los jabalíes se mueven 10 ó 15 metros y se vuelven a parar, no quieren salir, el sitio es pequeño. La presión que protagoniza la “marabunta orquestal” es abrumadora y espectacular: ¡debe de haber unos 20 ó 30 perros latiendo dentro a parado!: se oyen ronquidos, lastimosos quejidos de canes que parecen entrar en un amago de agarre y, justo cuando voy a disparar para hacer ruido, a fin de sacudir a los cochinos hacia fuera y evitar que el macho lastime a los perros, se produce un colosal arrollón de monte: aquello parece un tractor y viene justo hacia mi. Me pongo junto al poste de hormigón de una torreta para disimular mi silueta y le señalo con la mano a Toño y Elio que cubran la parte baja del cortafuegos; ya que yo ya había ido corriendo a la parte superior, a fin de evitar que el marrano se vaciara por la recula de la mancha que no estaba cubierta. La “retroexcavadora viviente” se dirige derecha hacia mi posición, ¡¡los canes le van casi encima!!, mi pulso se acelera, pongo el falso y encaro ya, pues está a 20 metros (¡¡¡ahí viene…!!!) pero, justo antes de salir al cortafuegos, se para, toma el aire, detecta mi presencia, tuerce hacia arriba y corta su trayectoria para comenzar ahora a faldear en dirección a su encame, pero un poco más alto. El traicionero viento me la había jugado!. Aviso rapidamente a José por el walkie que la dirección que lleva el solitario es hacia su posición, pero un poquito más pegado al pueblo: allí no hay nadie cubriendo. José apura sus pasos, ya ha recorrido unos 150 metros y, justo cuando se da la vuelta, el enorme jabalí ya ha saltado al camino a 20 metros y avanza hacia él totalmente ciego y desbocado, porque los canes vienen pisándole los talones, José encara su escopeta con rapidez y cuando el jabalí encuentra un hueco de la pared superior del camino y en pleno salto, el cazador le sacude…¡¡¡ BUMM!!... el disparo suena seco y sórdido en mi posición –a unos 2 km-, porque en ese momento el viento soplaba con fuerza.

-¡¡Ten uns dentes coma fouces, nunca vin nada igual!! –exclama muy nervioso el veterano cazador por el walkie.

El jabalí salta una pequeña pared y se sale de la mancha: la suerte está echada. José me informa de que varios canes han saltado al camino y sangran abundantemente, pero aún así continúan el acoso del verraco. A los pocos segundos me pude dar rápida cuenta de que estaban otra vez latiendo a parado. Le indico a José que acuda rápido a su remate, ya que el jabalí tiene que estar tocado a la fuerza. La ladra me llega lejana, pero José indica que el lugar es a escasos 30 metros del camino donde le había tirado.

- ¡¡Corre José, que mata los perros!!, exclamo.

La escena que contempló y relató nuestro compañero durante la comida nos dejó impresionados: José comenta que jamás en su vida asistió a semejante espectáculo cinegético: gruesos piornos eran arrancados de cuajo ante las envestidas del solitario, cuyos continuos envites a los perros dieron buena cuenta de 4 ó 5, y muchos de ellos ya habían sido previamente heridos en el encame. José espera el justo momento que los perros le brindan y le dejan el hueco preciso, para darle el tiro de gracia: jabalí y perros envueltos van rodando unos metros más abajo. A José le tiembla la voz e incluso días más tarde, me comentaría que esa era la pesadilla que había tenido desde hace muchos años, una situación que jamás querría que se le presentase: el tener que rematar en el medio de la maleza a un ejemplar de semejante porte y tan bien armado. Me dice: “Admin, tiven que tirarlle porque senón matábache tódolos cans, pero é que apenas me deixaban un oco”.

Poco a poco van cumpliendo los canes más rezagados y ya están practicamente todos allí menos uno que aparecería a última hora de la tarde y que ya dábamos por muerto: el Rex, con un siete considerable que, contorneando toda su paleta, no se la arrancó de milagro (en palabras de Ángel Poza, veterinario que lo atendió por la tarde). Lo buscamos en el encame, en el lugar de remate y durante el recorrido del jabalí pero ni rastro.. hasta que, por fin y por fortuna, apareció en una forestal en el alto de la sierra con evidentes signos de fatiga y debilidad.

Siguiendo con el relato: me desplazo rápidamente al lugar de los hechos, hay muchos perros heridos y el omnipresente Teórico acude presto al lugar para cargar y trasladar a los heridos graves y leves al veterinario con rapidez, no hay tiempo que perder, ni remolque ni nada para no perder tiempo, y es que a este Teórico habrá que hacerle un monumento un día de estos.... Alguno de los canes evidencia claros signos de hipovolemia. Mesi (DEP), Nerón, Hasan y algunos más han sido víctimas de las navajas de un jabalí imponente, más que por su peso –que no llegaba a los cien kilos- por sus colmillos: eses son los peores para los perros porque son extremadamente ágiles y osados. En este caso, sus navajas son como auténticos puñales que pueden causar estragos en muy pocos segundos de no acudir a tiempo en ayuda de nuestros más fieles compañeros de fatigas. Del escudero poco o nada supimos porque nos centramos en revisar los cuerpos de los perros, de identificar a los que faltaban y buscar al Rex.

Mientras unos se dedicaban en buscar al REX, se dispuso otro ganchito por la tarde que poco dió de si pero fue divertido y emocionante: levantes de corzos y un buen jabalí que Ernesto A. no pudo tirar por la gran distancia a la que se presentó; aún así le dió tiempo suficiente para darle para atrás a la diezmada rehala que iba en su acoso.


Una jornada que quedará sin duda para el recuerdo por la emoción del lance vivido y compartido por los compañeros de cuadrilla y por el inusual trofeo (posible medalla de oro que se encuentra en curso de homologación).

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Dopazo, Marcos, jabatillo28, José y yo.
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Pablo Almeida, jabatillo y Marcos Vázquez.

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Lugar donde perros y jabalí “desbrozaron” el piornal: encame de muerte donde José pudo, por fin, rematar al verraco.

Un cordial saludo.
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