rastros de sangre

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rastros de sangre

Mensaje  TEORICO el Vie Ene 07, 2011 5:47 pm

La acción de caza no termina con el disparo, sino con el cobro de la pieza.

Estimamos que, en España, cada temporada quedan en el monte más de 60.000 piezas de caza mayor que mueren sin ser cobradas, después de haber resultado heridas en acción de caza. La obligación de todo cazador es tratar de que esto no ocurra, registrando minuciosamente todos sus tiros e intentando cobrar la pieza por todos los medios a su alcance, si ésta ha resultado herida. Esta no es solo una obligación moral, sino que contribuye a proyectar al exterior la imagen de una caza ética y responsable, en la que existe un respeto por las piezas cazadas.
El Perro de Sangre está sometido a una preparación específica para la búsqueda y recuperación de piezas de caza mayor heridas, actuando en equipo junto con su conductor. El perro pone su instinto de búsqueda, su tesón, su coraje y su nariz. El conductor debe poner su inteligencia y su sentido de la caza. Este equipo constituye, en muchas ocasiones, una ayuda imprescindible para el cazador en su trabajo de rastreo de la pieza herida.

La búsqueda con perros de piezas de caza herida es tan antigua como la misma caza. Muy probablemente, el empleo de perros que ayudaran al hombre en esa búsqueda se remonta al Neolítico, con la domesticación de cánidos por parte de nuestros antecesores. Existe así mismo constancia de la utilización para este fin de un tipo de perro específico por parte de los egipcios, en el año 3000 a.c. Posteriormente, algunos escritos griegos y romanos aluden a la utilización de perros de caza atraillados, utilizados para la búsqueda de piezas de caza. Pero es en los albores del siglo XIII cuando se hace referencia explícita a lo que hoy entendemos como el “perro de sangre”. Guicennas, en el año 1250, en su libro “De Arte Bersandi” (“Del Arte de la Caza”) describe un método para entrenar perros con el objetivo de cobrar la caza herida o muerta. En el siglo XIV, Henri de Ferrières en su obra “Libro de Caza del Rey Modus y de la Reina Ratio”, dice textualmente “si una bestia ha sido herida debe ser perseguida por un brachet” y también escribe “en la caza con arco hace falta siempre un perro entrenado, llamado brachet, que sigue el rastro de sangre”. Por su parte, Gaston Phoebus en su “Libro de la Caza”, escrito en el mismo siglo, también menciona expresamente la necesidad de un buen perro de sangre para recuperar las piezas heridas.
Pero realmente es en el siglo XIX cuando la preocupación por utilizar perros de sangre deja de limitarse a su mención en tratados de caza y pasa a considerarse en centroeuropa una disciplina cinegética, gracias sobre todo a la labor de la CasaRealde Hannover. A finales de este siglo comienza a popularizarse entre cazadores no pertenecientes a la nobleza la utilización del perro de sangre. Cobra además una nueva dimensión como forma de entender una caza “ética”, en la que el cazador ponga todos los medios para cobrar la pieza no solo por el valor de su carne, sino también por darle un sentido a la muerte del animal. Surgen agrupaciones como Verein Hischmann, en 1894, que se preocupan de promocionar una raza de perro específica para este cometido: el Sabueso de Sangre de Hannover. En los inicios del siglo XX aparecen sociedades que se ocupan de otras razas como el Klub für Bayrische Gebirgsschweisshund (Sabueso de Montaña de Baviera), y otros clubes de raza como el Deutscher Teckelklub (Club Alemán del Teckel), que comienzan a fomentar la búsqueda de piezas heridas mediante la utilización de perros de sangre.
Después de lo que hemos visto, algunos cazadores españoles podrían pensar que el rastreo con perros de sangre es una disciplina centroeuropea, ajena a nuestras costumbres y tradiciones cinegéticas. Nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que es en los países de Centroeuropa – especialmente Alemania y Austria – donde se ha mantenido y desarrollado el trabajo con estos perros, en España llevamos ya al menos cuatro siglos, probablemente mucho más, utilizando perros para la búsqueda de caza herida.

Juan Mateos, ballestero de los reyes Felipe III y Felipe IV, en esa magnífica obra de la literatura cinegética española “Origen y dignidad de la caza” – publicada en 1634 – incorporaba frases como la siguiente.

“… y si hiere al venado atraíllelo, y si viere que va embuchado, que lo verá en la sangre que va mezclada con la suciedad del buche, no le atraílle, que pongo por muy difícil el cobrarle, y si se cobra será con mucho trabajo y buena diligencia del sabueso, y por esto no le atraílle, que a la primera carrera se echa luego…”
Más tarde, maestros como Alonso Martínez de Espinar (“Arte de Ballestería y Montería”, 1644), Carlos Hidalgo y Antonio Gutiérrez (“Tratado de Caza”, 1845) y otros, han tratado el tema de los perros de sangre. Lamentablemente, a partir de mediados del siglo XIX parece desaparecer esta disciplina de los tratados de caza, quedando solo algunas referencias puntuales sobre el tema.

La búsqueda de caza herida con perros de sangre quedó reducida en España a unos cuantos guardas y a un puñado de cazadores que trabajaban con sus perros, sin método ni ortodoxia, pero con la mejor de las intenciones.
Para recuperar esta disciplina, formar a nuevos conductores, estudiar la forma más adecuada de preparar los perros y difundir la importancia del rastreo entre todos los cazadores, como forma de entender y practicar la caza de una forma ética y responsable, nació en el año 2008 la Asociación Española del Perro de Sangre (AEPES). Han transcurrido solo dos años, pero por nuestros cursos y seminarios han pasado ya más de cien personas, se han importado y criado en España muy buenos perros, se ha avanzado en su preparación, la normativa de las diferentes comunidades autónomas empiezan a considerar esta disciplina y, gracias a la labor de difusión realizada, el “perro de sangre” empieza ya a formar parte del vocabulario de los cazadores. Queda mucho camino por recorrer, pero el futuro se presenta prometedor.

Aunque resulte penoso reconocerlo, en muchas ocasiones eliminamos por completo el concepto de “ética” en la caza. Hemos logrado sintetizar hasta el límite un proceso que comienza con el cuidado del monte, la gestión de sus poblaciones cinegéticas, la organización y disfrute de la acción de caza, la localización de la pieza, su caza y finalmente su cobro. Parece que ahora todo comienza y termina con el disparo, y nuestro único objetivo es la consecución de un gran trofeo.
La filosofía del rastreo de reses heridas no tiene como único objetivo la recuperación del trofeo, es igualmente importante la posibilidad de evitarle al animal una muerte lenta y carente de sentido, así como el hecho de recuperar su carne para el consumo cuando esto es posible. Esto también forma parte de la ética de la caza, la ennoblece y la dignifica.
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El teckel y el sabueso de Baviera son los rastreadores de sangre por excelencia.
Este últuimo "late amuerto" mucho mas sonoro que el primero

(fuente la web deyeswehunt)
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