Algo de historia.

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Algo de historia.

Mensaje  Admin el Miér Mar 31, 2010 10:33 am

Corrían los años cuarenta y principios de los cincuenta, en la Galicia profunda, en lo mas abrupto de los cañones del Sil, Pepe, “El negro”, se escondía como tantos otros huidos, por no haber querido disparar contra otros españoles como él. Vivaqueaba cepeando conejos y cuántas veces, me contó luego, caía en las trampas un águila real o un gran duque. En la aldea, un rebaño de cabras cercano al millar y muchas vacas, traían el monte a raya, el centeno brillaba en las solanas de los comunales. Los sotos de castaños ayudaban mucho a la alimentación humana. El “Ney”, un perro cruzado de unos perros protugueses que había traído hace ya algunos años, raro era el día que no portaban un conejo a casa. El “pastor”, que era un lobero que iba a buscar las vacas y las conducía desde el monte hasta la cuadra, justo debajo de la vivienda, le daba muy bien al conejo. Las perdices anidaban en medio del pueblo. En algún pueblo de Vilariño de Conso era tradición hacer tortillas con huevos de perdiz el día de la fiesta.
La solidaridad vecinal a la hora de las faenas era la nota dominante

EL MONTE UNICO CAMPO DE DEPORTE
Jugábamos a la billarda, a la “roma”, al “fenderecho”, “as escondedelas”, pero el que más me gustaba era jugar a los “coelliños”, unos éramos conejos y nos escondíamos del que hacía de perro y nos buscaba con el cazador cuya arma era un palo con el que simulaba disparar cuando el “perro” nos descubría y “ladraba” en nuestra persecución. Y es que copiábamos de los mayores porque el único campo de deportes que había era el monte y este fue un motivo importante a la hora de enraizar la caza en el medio rural gallego.

Mi abuelo me contaba que una vez había sido visto un jabalí, también como gran rareza le habían disparado a un corzo que desde el alto de la sierra bajó a morir al río donde lo cobraron tras haber deliberado el consejo de los más viejos cazadores acerca de a dónde podría haber ido a parar.

Cuántas veces vi bajar anticipadamente las cabras de la sierra porque el lobo había entrado al rebaño, vi a muchas con sus gargantas abiertas respirar a través de sangrantes aberturas en su cuello. Mi padre, que nunca fue buen tirador, recargaba sus cartuchos. Se daba una pequeña vuelta, sin perro, por los alrededores de la aldea, al poco rato regresaba con dos o tres patirrojas al cinto, las colgaba en la viga del comedor, al lado de los conejos que el domingo había cazado en compañía de los demás cazadores del pueblo que se convocaban tocando los caños de sus escopetas de perrillos. Una vez trajo un gato montés que había pesado 13 kilos y al que los perros acorralaran en alto de un roble. Debería tener 8 años la primera vez que le acompañé, el disparo me cogió mirando para otro lado y parejo al gran susto noté una contracción en el escroto que más tarde asocié a lo que decían del “acongoje”...

Las “albarizas”, que todavía hoy se conservan asaltadas por la maleza, son construcciones circulares realizadas en su tiempo por antepasados, en cuyo interior se colocaban las colmenas o “cortizas” de las abejas. Eran rematadas en su cima con losas terminadas en pico hacia el exterior para evitar la entrada de los osos. “A Fonte do Oso” es un paraje que todavía hoy conserva su nombre, pero ya no hay fonte ni tampoco oso.
Todo da idea de una diversidad y abundancia de especies cinegéticas extraordinaria y una pirámide trófica muy rica. Galicia siempre había sido así o todavía mejor si leemos el destape del cuerno de la abundancia acaecido allá por las sierras del Courel que D. Froylán de Troche y Zúñiga nos cuenta en su libro “El cazador Gallego con escopeta y perro”.

LA ALTERACIÓN DEL HABITAT
En los 60, “quedé prendado” en mi primer día a conejos, ya que en una hora me calé hasta los huesos, no si antes haber sido el único de la cuadrilla de viejos cazadores en cazar dos de ellos y escuchar el veredicto: “ dun par de chancas poden salir uns bos zapatos”.

Pronto prendió la fiebre perdiguera y había para divertirse. A padre le había traído de Asturias una perrilla pointer negra y ceniza que las bordada y de la que se enamoró José Luis, el médico, que le ofreció su coche (eran muy escasos) por ella. Papa se quedó sin perra, sin coche y sin amigo. Luego con “la Luna”, una pachona rubia, que le había costado diez mil pesetas en A Peroxa, me enseño a cazar las perdices. Sólo tenía que ponerme detrás de ella. Un buen día, Miguel Riestra, que era presidente de la Provincial y luego fue alcalde de Orense y diputado por A.P., me regaló Thor, un pointer con el que hice algunos pinitos tras las pardillas o charrelas. Había Perdices para divertirse, pero ya no era lo mismo, el bando levantado era perseguido hasta que la dispersión del tercer o cuarto levante, era motivo para desistir; luego vimos como la especie volaba y volaba poniendo mucha tierra por medio o se metían en las impenetrables malezas que comenzaban a poblar el monte. En la época anterior se tiraba un bando y se seguía a levantar otro o, a lo sumo, volaban de ladera a ladera por lo que la mano siempre las veía poner. Poco a poco el abandono del medio rural y la desaparición de la economía de autoconsumo, dió al traste con la idoneidad del medio natural de las perdices.
Me despedí de ellas a mediados de los setenta , al ver que el declive en los censos era ostensible .

¿REPOBLACIONES DE ESPECIES O RECOLONIZACIONES HUMANAS?
“Estás Oh Flavio ¡Ay dolor! que ves ahora, campos de soledad mustio collado fueron en un tiempo Itálica famosa" ¿Podemos aplicar la estrofa al estado actual de las especies en Galicia?
Las causas por las que llegamos a la situación actual en Galicia están en la mente de todos y son bien conocidas, pero debemos hacer énfasis en que los factores más importantes han sido las nuevas epizootias y, sobretodo, la profunda alteración del medio o hábitat. Y aquí siempre me pregunto ¿Cuánto dinero hemos gastado, administración y administrados, en repoblaciones de perdices, desde el comienzo del declive de los censos, hasta nuestros días?, sin duda que la cifra es escalofriante. Una especie puede aguantar muchos factores limitantes pero hay uno al que difícilmente sobrevive, éste es una profunda alteración del medio que le es idóneo para vivir. En los libros de ciencias de la ecología, existe lo que algunos llaman “el efecto de borde”, es decir, cuando un hábitat sufre una alteración las especies que lo poblaban, éstas van desapareciendo, pero en el borde del sistema alterado permanecen pequeñas colonias o parejas aisladas que, si la alteración cesa, son capaces de recolonizar de nuevo y a lo largo del tiempo el ecosistema: ¿volverá a poblarse el medio rural?. Si lo hiciese, los cultivos variarían por maderas de calidad, concentraciones, cultivos de biomasa energética, explotaciones intensivas...todo sería distinto. Muchos de los grandes latifundios gallegos –los montes vecinales en m.c.- herencia de los inmigrantes suevos, pudieran ser recolonizados por poblaciones de los nuevos inmigrantes actuales que se asentasen en los pueblos abandonados ¿Buena idea?... Está claro que a nadie se le ocurriría repoblar con camellos el polo norte, pues bien, cuando uno ve que siguen empeñados en la construcción de parques de vuelo, criaderos, etc…, para soltar perdices en un medio en el que las nativas de toda la vida se encuentran limitadas a escasos censos de supervivencia, no puede menos que pensar que en las bases científicas del intento se les ha quedado algo en el tintero.
No sucede así con el conejo, ya que la base de toda la cadena trófica, la hace una especie prolífica y agradecida a poco que se preparen los biotopos. Aunque hubo despilfarro con el fracaso de numerosos criaderos, en muchos casos subvencionados, que duda cabe que sí puediera tener éxito la repoblación directa en el medio, siempre que se haya tomado nota de la abundante literatura científica que ha estudiado su biología. Todo va muy bien y la curva de crecimiento, en estos casos es notoria, pero el problema surge cuando no se ha planificado ni la desinfección y desinsectación de los vivares con productos dotados de propelentes adecuados ni se ha previsto el traslado de excedentes a otras zonas del coto, porque esto cuesta tiempo y dedicación en mucha mayor medida que la empleada para iniciar el plan, y cuando los vectores de las epizootias encuentran la concurrente ausencia de estos dos últimos pasos, lo que sucede es la catástrofe de varios años sin conejos o esperando a ver si entre los predadores y la distancia que separa a los que han sobrevivido, no son obstáculo a un encuentro de sexos.

PREDADORES VERSUS PRESAS
Me suena esto de “tenemos que buscar puntos de encuentros con los ecologistas”. Muchos de éstes se creen que los ecosistemas de hoy son los primigenios y que la existencia de predadores es siempre proporcional a la existencia de presas y es que ya de pequeños, en los colegios de hoy, enseñan libros con dibujos de los bosques en los que no aparecen basureros llenos de deshechos comestibles por zorros, gaviotas, rapaces, etc… y alguna gente llega a mayor creyendo que el actual estatus salvaje goza de una ortodoxia que sólo la alteramos los cazadores.

Los predadores son carnívoros y a la vez carroñeros. Su capacidad de reproducción tiene una marca genética que se activa, se ralentiza o incluso puede llegar a desactivarse en virtud de los recursos tróficos que existen en sus territorios, cuya dimensión se fija en virtud a la abundancia de los mismos. Es decir, a mayor basura proteica, mayor número de zorros etc. Pero, que duda cabe que son animales condicionados genéticamente para cazar animales vivos, y ¿quién no desprecia la carroña ante la vista de un buen “bistec” que, en forma de conejo, ven pasar delante?.

La existencia de canales de alimentación distintos de los naturales, propicia la existencia de un exceso de predadores que va en detrimento de las presas para las que están genéticamente condicionados a cazar: ¿de dónde salen esas cacerías con grandes capturas de zorros en lugares de escasez de conejos?

Esta es una situación actual de la caza menor en nuestra Galicia y a nadie se le ha ocurrido declarar a las patirrojas como especie en peligro de extinción.

Un saludo.
TEORICO
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