29 de agosto de 2010: la crónica

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29 de agosto de 2010: la crónica

Mensaje  Admin el Lun Sep 06, 2010 2:04 pm

La espera fue larga y por fin llegó el día. Ilusionados, como siempre, no reencontramos de nuevo para disfrutar de una nueva temporada con la mismas ganas y pasión por la caza que el primer día. Localizadores, remolques, exámen del cazadero los días previos, limpieza de armas, revisión de los mil y un papeles para que todo esté en regla y dentro de la legalidad: un ritual que se repite año tras año. No se trata de abatir sino de compartir, no se trata de “colgar”, sino de disfrutar de un ambiente de amistad en el que todos y cada uno de los miembros del equipo de cazadores que lo conformamos, nos sentimos unidos por lo mismo que hace más de 25 años, cuando decidimos formar nuestra cuadrilla: la caza.

Toca cazar en los montes de Loureiro: aún me acuerdo de la fenomenal jornada con la que despedimos el pasado año en el mismo cazadero en la que, por la tarde, abatimos 6 jabalíes en poco más de media hora y durante la que pudimos gozar oyendo las espectaculares ladras de nuestros sabuesos en sus continuos acosos sobre los suidos. Es una “mancha” de gran entidad, de muchísmo monte: pura y dura sierra en la que los recios brezos de tres y cuatro metros de altura en algunos lugares, así como las “culebreras zarzas” , atenazan las piernas de cualquier cazador, máxime en los calurosos días de este eterno verano que nos está dejando unos últimos coletazos en forma de abrasador calor nocturno y diurno.

La niebla, triste protagonista de la jornada, inunda y se hace dueña de la mancha, impidiéndonos soltar los perros a las 8 y cuarto de la mañana, tal y como teníamos previsto. Tendremos que esperar hasta las doce menos cuarto de la mañana para poder dar suelta a los ansiosos canes: los jóvenes con ese especial instinto por el que muestran esas desmesuradas ganas de entrar en contacto con la naturaleza; los más veteranos, con el ansia de retornar a “la batalla” que dejaron el año pasado.

Suelta Antonio por la parte de Loureiro y el que escribe por el otro extremo de la mancha: los canes no tardan ni 5 minutos en levantar dos machos de corzo. Una hora antes de la suelta, Roque había avistado desde su puesto dos corzos que mordisqueaban apacible y tranquilamente los tiernos brotes de brezo bajo un cortafuegos de alta tensión recién desbrozado. La niebla le había impedido poder desenfundar y haberlos puesto en el visor, pero impera la ley, como debe ser. Cuando el cazadero quedó despejado cerca de las doce de la mañana, el sol atizaba de lo lindo, realmente abrasador, pero los canes parecían no sentir nada y sus ladras se fueron haciendo cada vez más compactas en sus respectivos acosos. Los puestos estaban colocados a demasiada distancia para esta época del año, pero en puntos estratégicos. Me adentro en un robledal y oigo perfectamente el trote de un capreolus que huye de mi jauría, avanzo rápidamente unos pasos y veo su fugaz silueta que parece desdibujares entre los robles a toda velocidad y a unos 50 metros de mi posición. Cuando por fin corroboro que se trata de un buen macho es tarde: Ray le va casi mordiendo el trasero y sólo le pude dispara una vez que el can se separó lo suficiente. El marrado corzo baja hacía la parte inferior del cazadero y marea a los perros con continuos zigzags. Ray, Fox y Charli aguantarían hasta las 3 de la tarde y aún así, no habrían sido capaces de que el resabiado galleiro diese la cara arriba, donde los posturas le esperaban para recibirlo: el monte es "de los gordos". Al mismo tiempo, el macho que había levantado Antonio, fue avistado a mucha distancia, siendo imposible parar los perros y dispararle.

A la una y media de la tarde retorna la mitad de la jauría y, tras avanzar unos 200 metros, se produce otro nuevo levante: Best, Ris, Sil, Sol y Sedeño comienzan un nuevo acoso. El calor es asfixiante pero los perros, fieles a su buen hacer, nos dejan boquiabiertos con una memorable faena y acoso hasta las tres de la tarde, que pillaría un poco despistado a Paco "O Fino" en el levante, pasándole una pareja de corzos (macho y hembra adultos) a pocos metros de su puesto, siendo avistados por Ernesto a mucha distancia de ladera a ladera, pero con el ruido de las aspas de los eólicos, el "Calambres" ni se enteró. Simultáneamente a este levante, Rin protagoniza el acoso a un jabalí. El suido se muestra reacio a abandonar su encame, me acerco, se mueve hacia espesura y vuelve a recular; me vuelvo a acercar, nada, una y otra vez se me va escurriendo hacia una maleza inexpugnable. Opto por disparar para hacer ruido y entonces arranca con un arrollón de monte, pero a los trescientos metros se le vuevle a parar al perro en una zona inaccesible. Rin lo marca a parado, aullándole a distancia, pero no hay nada que hacer: ahí no hay quien pueda entrar. A la media hora el can lo deja por imposible.

Son ya las tres de la tarde y recogemos a Ray, Fox y Charli, que acaban de retornar al remolque tras el primero de los acosos. Antonio, por su parte, recoge a sus canes: hay que comer y, sobre todo, refrescarse en un día que llegó a marcar los 36 grados centígrados de temperatura a las seis de la tarde en A Derrasa (según nos decía Ernesto).


A la tarde soltamos yo y Chapi. Toca cazar la parte alta de la mancha y suelto a las 6 y cuarto. Pablo Almeida nos advierte de que doce jabalíes movidos por el ruido se dirigen hacia donde vengo monteando (Pablo los ve a más de 500 metros). Dejo de animar a los canes en alta voz y me callo para evitar que los suidos cambien de idea: la táctica da resultado. Los jabalíes casi se tropiezan con los canes que ya los habían venteado a más de cien metros de distancia. Una jabalina comienza la huida y arrastra con ella a todos mis perros. Por otro lado, Chapi levanta con sus sabuesos un buen macho de corzo que él mismo falla. Ahora la emoción está en el corazón de la mancha: la cochina le planta cara a los perros y se hace fuerte frente al puesto de Pablo Almeida: la ladra, ¡espectacular!. Al mismo tiempo y a dos kilómetros, justo en el lugar de levante y a escasos metros de mi posición, otro “encontronazo”: una buena manada que literalmente “me rodea”, pero los altos helechos me impiden verlos. Los jabalíes están intranquilos, hay rastros de los canes por doquier y cargo aire hacia ellos. Veo el lomo de un buen mozo de unos 80: disparo tres veces, se aparta de la manada y se mueve lenta y perezosamente (¿Tocado??..); vuelvo a cargar… El resto de la manada está estudiando por donde van a salir, pero yo estoy en el medio del monte casi cubierto por la enorme maleza, que despejé con el cañón de mi rifle para poder divisar un pequeño claro de 30 metros cuadrados, subiéndome a una pequeñita roca que me sirvió para poder dominar medianamente el panorama; aún así no pude hacer nada para poder ganar una mejor posición desde la que poder hacer blanco. No los veo claramente y no les puedo tirar por seguridad. Los ronquidos, bufidos, carreras y pequeños parones se suceden, pero ninguno asoma al pequeño claro que domino. Los jabalíes optan por taparse y vaciarse por el sitio más sucio e irrumpen justo por el único sitio que habíamos dejado sin cubrir: a unos 50 metros de mi suelta... Lo de siempre, pocos puestos para mucho monte, pero la caza ha de ser así, de lo contrario no sería caza, sino otra cosa. Son unos 12 aprox. y hay dos muy buenos (según P. Almeida). La suerte está echada… Casi simultáneamente a mi “cerco jabalítico”, la jabalina, acosada, ante la fuerte presión de los canes, arranca de nuevo y da dos enormes vueltas al cazazero sin dar la cara a los puestos. Por fin, tras un extenuante acoso y ya casi sin recursos, opta ahora por “hacer un túnel” por la zona más espesa de zarzas, tojos y brezos: un mar de impenetrable maleza tupidísima de las que hacen “pupa” y trillan a los perros; si a esto le mezclamos el polvillo del verano que desprende la superficie del suelo , los canes están siendo sometidos a un auténtico y numantino esfuerzo, un derroche que resuelven con seguridad y experiencia. Le toca el turno a Roque, la jabalina por fin da la cara en un pequeño claro: hay casi 200 metros y dispara… Nada!!, el suido cruza la pista y los canes no dan llegado. Le lleva, ahora sí, mucha distancia de ventaja: son casi tres horas de un enorme acoso para esta época del año y comienzan a pagar caro su colosal esfuerzo. Mientras Teórico espera a los canes, Roque va hacia la forestal donde cruzó la cochina y... ¡¡salta la sorpresa!! ¡¡Hay sangre seca!!, exclama el asombrado cazador por el walkie; justo en el borde de la maleza del lado de la mancha contigua. Roque camina casi 400 metros y encuentra la jabalina. Un disparo de un 7 mm Rem Mágnum con entrada en tórax y salida por el vacío contrapuesto. Cualquiera que viese el recorrido que hizo con los pulmones e hígado deshechos no se lo creería, pero así fue. Un poco antes, Teórico ya había recogido y parado a los canes que fueron cumpliendo en el lugar del disparo y que fueron cortados, pensando que la jabalina había sido fallada, ya que había entrado en la mancha contigua.

Chapi y admin recuperan sus últimos canes y para la perrera de vuelta, toca despiezar.

Una bonita jornada de inauguración de la presente temporada que quedará para el recuerdo.

Un saludo, el admin.


Última edición por Admin el Sáb Sep 11, 2010 9:43 pm, editado 3 veces

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Sois unos Fenómenos...

Mensaje  JABATILLO28 el Lun Sep 06, 2010 4:57 pm

Hola colegas..con a que está cayendo de calor...y aún así estais mojando seguido!!!

Sois unos cracks..y además por lo que veo hay mucho jabalí en el tecor, no???

Bueno pasado mañana ya duermo en Madrid y el Viernes opertaivo al 100% en Ourense, o sea que el finde TIROTEOOOOO!!!! FERVEME O POTE!!!!! Laughing Wink
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