Miguel Ángel Romero sobre las esperas de jabalí en Castilla y León

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Miguel Ángel Romero sobre las esperas de jabalí en Castilla y León

Mensaje  Admin el Miér Ago 04, 2010 11:59 pm



Tanto en Castilla y León como en la mitad norte peninsular hay muchos más jabalíes que los que la capacidad del medio puede aguantar, como ya hemos dicho en otras ocasiones. Ahí están los múltiples accidentes de todo tipo que causan en una red viaria que fue concebida y que sigue aumentándose sin tener en cuenta la cabaña de jabalíes actuales.

Es más, la nueva red de carreteras está siendo construida ignorando casi por completo las cabañas de animales silvestres y la de los domésticos no estabulados. Sin rodeos: nuestra red viaria no está preparada para soportar los animales salvajes y domésticos no estabulados. O quitamos carreteras o nivelamos los animales.

A quienes circulamos por las carreteras secundarias de Castilla y León no nos sorprende encontrarnos con un burro en una curva “sin luces rojas”, como dice la canción. Y si se circula por Galicia, puede aparecérsele a uno de todo, y por supuesto jabalíes.


La necesidad de las esperas por daños en cultivos y accidentes

Llegada esta época los jabalíes hacen un daño monumental en los cultivos, y los que gestionamos cotos no los podemos aguantar. Hay cuadrillas de jabalí que prefieren pagar daños y no dar esperas, algo que me parece perfecto siempre y cuando esos jabalíes no incidan en las carreteras ni en los cotos de los demás, pero lo hacen y producen accidentes con víctimas que los seguros no cubren.

La gente se cree que por cebarles o por pagar los daños tienen bula para contingentar unas cabañas jabalineras de las que no se abatirán muchos, pero alguno siempre cae. En el caso de Castilla y León disuaden con las autorizaciones para que no se vaya, pero ya veremos qué ocurre el día que un autobús tenga un accidente con una piara de jabatos (Dios no lo quiera).

Los jabalíes, al no entender de fronteras, pueden comer en los cebaderos de un coto e ir a descansar a otro o viceversa. Con todo, no se pueden quedar tantos jabalíes después de unas temporadas en las que no se pueden dar todas las batidas autorizadas por la nueva climatología que nos acarrea el cambio climático.

Es más, por el gusto a apretar el gatillo de unos pocos y no dar batidas efectivas, no se puede condenar al resto a que paguen los accidentes causados por cabañas silvestres sobredimensionadas, ni tampoco los producidos por una ganadería extensiva que la Administración condena a no poder ser debidamente atendida por sus dueños en lo que a cercas y acomodos se refiere. Los ganaderos llevan cinco años perdiendo dinero.
Focos y linternas, ¿sí o no?

En primer lugar, en Castilla y León obligan a todos a conocer el SIGPAC, para determinar la o las parcelas donde hacen daños los jabalíes, y después los tiene que bendecir el guarda de la zona (en ocasiones muy difícil de encontrar). Hay que poner avisos de las esperas hasta en los atrios de las parroquias. Y luego, lo de las “fuentes luminosas” es insultante.
Castilla y León jamás terminó de asimilarlo y te salen con patochadas como que sólo se pueden utilizar linternas o focos en el momento del disparo y para buscar la res abatida. Sin embargo, nada dicen de utilizar alguna señal luminosa a la salida del puesto, con lo que cualquiera te puede confundir con un jabato y endosarte un balazo.

Hay que tener en cuenta que lo que dicen los medios de comunicación sobre furtivismo, es poco. En estas noches de espera observo cómo varios coches foquean y carrilanean en busca de piezas.

Así, hay que entrar al puesto a las nueve de la noche, cuando los días lluviosos u oscuros el jabalí sale desde antes de las ocho. Uno se tiene que poner en la parcela de los cultivos dañados tanto cargue el viento como no, y eso no es ir a cazar, sino ir de ‘espantapájaros’. Les contaría y criticaría mil cosas más que van todas ellas encaminadas a que no se abata lo que sobra para luego encargar su matanza a matabichos profesionales, tal y como hacen con el lobo en los Parques Naturales.
Consejos sobre seguridad en las esperas cochineras

Yo, desde luego, saldré de mi puesto con una linterna de cabeza, tipo minero, y además silbando. Lo haré por dos razones: una, que nadie me endose un balazo, y dos, que debido a mi edad necesito saber por dónde piso para no darme de bruces en el suelo. No desafío a nadie y menos a la Junta de Castilla y León, pero si eso lo creen motivo de denuncia, allá ellos. En su pecado está la penitencia.

Por todo ello, les iré contando en sucesivos artículos las alegrías y contrariedades de un año en el que las abundantes lluvias han hecho que los jabalíes se metan en los trigales y los oigas, pero no les veas. Tengan cuidado al acercarse a los jabalíes heridos en los trigales y demás herbáceas; y sobre todo jamás disparen sin ver a lo que tiran. Y en vez de observar las normas oficiales, observen las racionales.

Por cierto, este año me va acompañando la suerte. Mal está que lo diga, pero este su seguro servidor, no será muchas cosas, pero es cazador, como lo atestigua la foto que acompaña a este artículo. Se trata de un tremendo jabalí de cerca de 100 kilos de peso y una boca preciosa, que abatí con un tiro del 8x68 que hizo un triángulo equilátero al revés, con los dos ojos como ángulos base.

(Texto: Miguel Ángel Romero. Fotos: Alberto Aníbal Álvarez, IA Sánchez y Autor)

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