Cuidado con las espigas!

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Cuidado con las espigas!

Mensaje  Admin el Dom Jun 13, 2010 11:53 am

Las espigas, que se clavan e introducen por todos lados, quizás constituyan uno de los problemas más frecuentes y molestos, incluso graves, que pueden sufrir los perros durante el verano.

Juan José García Estévez
Intentando saber más sobre la flora y su relación con la fauna cinegética, descubrí una disciplina dentro de la botánica que se denomina malherboligía y que tiene por objetivo estudiar lo que su nombre indica: las malas hierbas.

Muchas de estas “malas hierbas” tienen un enorme interés como alimento de nuestra fauna cinegética, muy especialmente de la perdiz y el venado, por lo que desde el punto de vista de la gestión cinegética son más bien “buenas hierbas”. Pero desde el punto de vista veterinario pueden ser realmente problemáticas para los perros de caza. Así, pertenece a este grupo de malas hierbas problemáticas una gran familia que denominamos gramíneas, y dentro de ésta algunas especies que están diseñadas para clavarse en el pelo de los animales con el fin de que éstos las transporten a otras zonas donde germinar.

Estas especies pueden ser muy abundantes y variadas en muchas zonas y reciben diferentes nombres locales, entre ellos: triguillo, tortero, avena loca, avena bravía, espiguilla, etcétera. Sus semillas van metidas en una vaina dura y alargada que termina en una punta muy aguda y con largos penachos en la parte posterior que constituyen un ingenioso sistema para que, una vez que entra en contacto con el pelo de un animal, sólo pueda desplazarse hacia delante y de este modo sujetarse bien para no caerse.

El problema se origina cuando entran en contacto con la piel o con algún orificio, porque entonces, literalmente, se introducen dentro del animal.

Puntos más vulnerables. Son varios. El lugar donde las vemos con más frecuencia es entre los dedos, donde se clavan y se introducen dentro de la piel y forman una característica tumefacción roja que supura y que llamamos granuloma por cuerpo extraño. Aunque normalmente no es un problema grave, provoca cojera e impide sacar al perro al campo. Se debe intentar sacar la espiga con unas pinzas, aplicando un poco de anestesia local, ya que de lo contrario el granuloma dará problemas durante tiempo. Puede incluso llegar a ser más grave, como es el caso del bretón de la secuencia fotográfica, que tuvo que ser operado.

Los oídos son otro de los puntos por donde las espigas suelen introducirse, creando mucho malestar en el perro. La sintomatología suele ser muy clara, ya que el animal sacude bruscamente la cabeza y mantiene baja la oreja del lado donde ha entrado la espiga. En este caso no queda más remedio que acudir a al veterinario para que la extraiga, habitualmente bajo sedación o anestesia, utilizando un otoscopio con unas pinzas especiales, ya que si se deja puede dañar gravemente el oído.

El punto más delicado por donde se puede introducir una espiga es el ojo porque se suele ocultar detrás del párpado dando lugar a una gran reacción e inflamación del ojo y sus estructuras, con una sintomatología que llamamos blefaroespasmo o dificultad para abrir los párpados y, por tanto, conlleva la dificultad añadida para el propietario o veterinario de poder localizar la espiga, ya que es muy difícil verla. Lesionan rápidamente la córnea, provocando importantes úlceras por el constante roce, por lo que hay que actuar con rapidez o de lo contrario el perro perderá el ojo. De nuevo el veterinario deberá poner un colirio anestésico para dormir la superficie del ojo y así poder extraer la espiga, revisar los daños que pueda haber causado e instaurar el tratamiento oportuno.

Igualmente, la nariz es otro lugar por donde pueden entrar las espigas, y la sintomatología es de nuevo muy aguda y llamativa. De manera repentina, el perro comienza a estornudar bruscamente sin poder parar, incluso sangrando por la nariz. Aunque no se suele poder hacer mucho en este caso, la visita al veterinario es obligatoria.

Pero también se pueden introducir por otros orificios. Por ejemplo, por el prepucio en los machos o por la vulva en las hembras, dando diferente sintomatología. Incluso por cualquier pliegue de la piel o zonas donde el pelo es más denso, por lo que cualquier bulto sospechoso que encontremos durante el estío en un perro puede deberse a una espiga.

Más vale prevenir que curar. Lo primero que podemos hacer para evitar las espigas es no transitar por los lugares donde éstas abundan. Pero en la práctica es imposible evitar que un perro de caza, durante el ejercicio cinegético en verano, entre en contacto con multitud de espiguillas. Por lo tanto, es más práctico hacer lo siguiente:
1. En perros de pelo largo, recortar el pelo, especialmente la cara interna de la oreja, y entre los dedos.

2. Revisar los puntos críticos para las espigas: dedos, pliegues de piel, zonas de pelo abundantes, oídos, ojos, etc., cada vez que volvemos del campo.

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Cazar no es matar

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